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El Rey pide en el brindis que los Príncipes piensen «siempre en España»
El Rey, en el brindis con el que puso fin al banquete nupcial de la Boda de los Príncipes de Asturias, les pidió que piensen «siempre en España» y dediquen «con amor y devoción», lo mejor de sus «esfuerzos a los españoles, para aunar sus esperanzas, compartir sus ilusiones y poderos fundir siempre con sus sentimientos y dificultades».
Don Juan Carlos, que presidió junto a los recién casados y a la Reina el almuerzo, añadió que estaba seguro de que a los recién casados les «anima la pasión de servir a este gran país, diverso y plural, orgulloso de su convivencia en democracia y libertad».
En sus palabras ante los 1.700 invitados que se congregaron en el Patio del Príncipe del Palacio Real, el Rey agradeció la presencia de todos por compartir con «mi Familia la profunda emoción de este día», y expresó «la enorme ilusión con la que he esperado esta fecha, una ilusión especialmente compartida por la Reina y también por toda mi Familia». Don Juan Carlos puntualizó que su felicidad era enorme, «siempre difícil de contener, como padre pero también como Rey».
Don Juan Carlos tuvo también unas palabras de agradecimiento para el Gobierno por su declaración institucional de ayer y por «su decisivo apoyo al buen desarrollo de esta celebración». «Gracias- repitió el Rey- también por el calor brindado desde todas las demás Instituciones y Comunidades Autónomas aquí representadas, en particular al Ayuntamiento de Madrid y a sus ciudadanos por volcar tanta generosidad y afecto hacia esta boda, una gratitud que hago extensiva a toda la Comunidad Autónoma de Madrid».
A continuación, se dirigió a la Princesa de Asturias y le dijo: «Queridísima Letizia, te recibimos con los brazos abiertos y con el mayor cariño en el seno de nuestra Familia». Don Juan Carlos, en sus palabras a la novia agradeció «la alegría a raudales que Felipe y tú nos habéis aportado al sellar hoy de forma solemne vuestra unión. La Reina y yo os deseamos toda una vida colmada de felicidad y entrega mutua».
Se refirió también el Rey al amor de la pareja «que nace del más firme compromiso mutuo» y es también «símbolo de esperanza, semilla de continuidad dinástica y garantía de estabilidad para la Monarquía Parlamentaria que establece nuestra Constitución». Expresó el Monarca su convencimiento de que los Príncipes de Asturias sabrán cumplir siempre con rectitud, esmero y ejemplaridad sus obligaciones y responsabilidades, primero como Herederos y, después, como Reyes.
El Príncipe Felipe comenzó su brindis proclamándose "un hombre feliz". "No puedo ni quiero esconderlo, imagino que salta a la vista: Soy un hombre feliz. Y tengo la certeza de que esta condición me la da sentir la emoción de ver y protagonizar la realización de un deseo: Me he casado con la mujer que amo", dijo.
El Heredero de la Corona, que resaltó del Rey el hecho de haber logrado la reconciliación de los españoles y de la Reina su sensibilidad y ejemplo, expresó, igualmente, su vocación "rotunda y firme" de continuar el modelo y ejemplo de servicio a los españoles de sus padres "aunque las circunstancias sean diferentes y también las personas".
Las palabras del Príncipe con un discurso muy personal en el que conjugó sus reflexiones sobre la vida y la familia con su intención de hacer público ante todo el mundo que su principal empeño es recoger el legado del Rey y dedicar su vida a España, a contribuir a la estabilidad institucional y a la cohesión del Estado. Felipe realizaba así el discurso más importante, hasta ahora, de su vida y se detenía dirigiéndose expresamente al Rey para dejar claro que la continuidad de la Corona y de lo que significa está garantizada por él y por Letizia.
Agradeció asimismo las constantes muestras de cariño y generosidad llegadas de todos los puntos del país y tuvo palabras de recuerdo para los fallecidos en los brutales atentados del 11-M. "M de Madrid, M de mayo, y M de memoria. En ella siempre estarán los ausentes, los que no les fue permitida criminal y brutalmente seguir viviendo sus ilusiones y desvelos", dijo.
El padre de la novia, Jesús Ortiz, que también tomó la palabra, puso una nota de familiaridad al narrar una pequeña fábula de cómo su hija cuando era pequeña y disfrazada de Cenicienta soñaba en cuentos de hadas y príncipes. Al final, dijo, la vida no ha sido así, ya que Letizia no ha encontrado a un príncipe de cuento –aquí se produjo un pequeño suspense entre los invitados– sino el amor real. Además de esta anécdota, ratificó el compromiso de Letizia con el nuevo papel que asume.
Palabras del Rey
"Muchas gracias a todos por vuestra presencia y afecto al querer compartir con mi Familia la profunda emoción de este día. Gracias asimismo por las muy generosas expresiones de cariño que los españoles nos están brindando.
Desde lo más hondo de mi corazón, quiero expresar la enorme ilusión con la que he esperado esta fecha, una ilusión especialmente compartida por la Reina y también por toda mi Familia.
Hoy siento una felicidad enorme, siempre difícil de contener, como padre pero también como Rey.
Queridísima Letizia, te recibimos con los brazos abiertos y con el mayor cariño en el seno de nuestra Familia. Gracias por la alegría a raudales que Felipe y tú nos habéis aportado al sellar hoy de forma solemne vuestra unión. La Reina y yo os deseamos toda una vida colmada de felicidad y entrega mutua.
Vuestra unión que nace del amor y del más firme compromiso mutuo es, a la vez, símbolo de esperanza, semilla de continuidad dinástica y garantía de estabilidad para la Monarquía Parlamentaria que establece nuestra Constitución.
Como Rey estoy convencido de que Felipe y Letizia sabrán cumplir siempre con rectitud, esmero y ejemplaridad sus obligaciones y responsabilidades, primero como Príncipes de Asturias y, llegado el momento, también como Reyes.
Pensad siempre en España y dedicad, con amor y devoción, lo mejor de vuestros esfuerzos a los españoles, para aunar sus esperanzas, compartir sus ilusiones y poderos fundir siempre con sus sentimientos y dificultades. Sé que os anima la pasión de servir a este gran país, diverso y plural, orgulloso de su convivencia en democracia y libertad.
Gracias al Gobierno por su afectuosa declaración de hondo sentido institucional emitida en el día de ayer y por su decisivo apoyo al buen desarrollo de esta celebración. Gracias también por el calor brindado desde todas las demás Instituciones y Comunidades Autónomas aquí representadas, en particular al Ayuntamiento de Madrid y a sus ciudadanos por volcar tanta generosidad y afecto hacia esta boda, una gratitud que hago extensiva a toda la Comunidad Autónoma de Madrid.
Ahora os pido a todos que brindéis conmigo por la felicidad de Sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias, por su dicha familiar y por la continuidad institucional que encarnan. Para que, en suma, su felicidad sea siempre la nuestra."
Palabras del Príncipe
"No puedo ni quiero esconderlo, imagino que salta a la vista: Soy un hombre feliz. Y tengo la certeza de que esta condición me la da sentir la emoción de ver y protagonizar la realización de un deseo: Me he casado con la mujer que amo. Conjugar la razón con la fuerza del amor y del sentimiento ha sido siempre un objetivo en mi vida. Por eso, estamos celebrando hoy que Letizia y yo unamos nuestras vidas en una comunión de amor, responsabilidad, trabajo, respeto y entrega mutua. Nuestra unión para siempre se la ofrecemos a nuestras familias y sobre todo a nuestro destino, íntimamente ligado al futuro de los españoles.
Afrontamos nuestro futuro con una ilusión y una esperanza muy profundas. El servicio a los españoles es el gran compromiso personal e institucional con el que Letizia y yo iniciamos ahora una nueva etapa en nuestra vida.
En ella estamos seguros de encontrar la felicidad duradera que toda familia busca y desea. Aspiramos a fundar una familia. Y queremos alcanzar el necesario equilibrio entre lo público y lo privado, entre las obligaciones - que lo son de por vida - y la legítima y necesaria vida familiar; sabiendo que nuestro trabajo requiere una serenidad, una dedicación, una constancia y una mesura tales que permitan hilar el tiempo político con el tiempo humano.
Letizia: hace poco mas de un año dimos los primeros pasos que, con amor y serenidad, nos han traído hasta aquí. No es mucho tiempo ni poco; el suficiente para habernos descubierto mutuamente, con transparencia y sinceridad, como la persona que deseábamos tener a nuestro lado para toda la vida. El conocimiento y respeto recíprocos, nuestra complementariedad y complicidad han ido día a día cimentando lo que con tanta fuerza nos acercó e impulsó para llegar a nuestro matrimonio. Es también muy importante - y tú me lo dices tanto - que sepamos encontrar el uno en el otro el remanso necesario para reflexionar, disfrutar y compartir todo aquello que nos hace crecer como personas, enorgullecernos y sobrellevar la intensidad de nuestras vidas. Y lo es tanto más por cuanto ha de ser fuente de gozo y armonía familiar. Se que lo conseguiremos sin duda.
Señoras y Señores
El compromiso que Letizia y yo hemos asumido hoy transciende de lo meramente personal. Desde muy pequeño he sido consciente de mis responsabilidades y la lealtad al Rey junto al sentido del deber han guiado mi vida. Pues bien me siento orgulloso de que Letizia se incorpore desde hoy a este proyecto con convicción y responsabilidad; Y quiero que todos sepan lo agradecido que estoy a Letizia por su entrega y determinación a lo que dicho proyecto conlleva.
En el camino que hemos de recorrer contamos con el ejemplo impagable de Sus Majestades los Reyes.
De Su Majestad el Rey, que junto a una generación de grandes patriotas consiguió la reconciliación de los españoles, protagonizó el establecimiento y la consolidación de la democracia y ha ejercido de forma impecable sus funciones constitucionales. De Su Majestad la Reina, con su apoyo constante y permanente al Rey, su sensibilidad, su disponibilidad y su ejemplo. Ambos han conseguido que la Corona sea una institución útil al servicio de España y respetada y querida por los españoles.
Y aunque las circunstancias serán diferentes y también las personas, mi vocación de continuidad con ese modelo y con su ejemplo de servicio es rotunda y firme. Deriva de una intima convicción y mi compromiso permanente de que la Corona siga contribuyendo a la estabilidad institucional de España, a la integración y cohesión de los españoles y a ser garantía de su libertad y progreso.
Majestad: no tengáis ninguna duda de que siempre pensaremos en España y de que toda nuestra vida estará dedicada al bienestar de los españoles.
Hoy hemos sellado nuestro amor ante Dios y ante la sociedad; todos sois testigos de ello y de la autenticidad que nos mueve. Por eso estamos especialmente contentos de poder compartir con vosotros, con los madrileños y con todos los españoles este momento tan crucial en nuestras vidas.
Queremos agradecer las constantes muestras de cariño y generosidad llegadas desde tantos puntos de la geografía española, incluso de fuera de nuestro país. También el afecto, el esfuerzo y la dedicación de las Instituciones y de muchos miles de personas que han contribuido al buen desarrollo de estos días de celebración. Sería deseable, aunque imposible, hacer llegar a todos ellos personalmente nuestra gratitud. Como también es imposible tener aquí a tantas personas especiales para nosotros, pero a las que dedicamos un cariñoso recuerdo desde aquí.
En este capítulo de agradecimientos y recuerdos queremos tener uno especial para nuestras familias. Somos resultado en parte de sus desvelos y hemos recibido de ellas durante todos estos meses su apoyo y comprensión, que ha sido sustento vital y lo seguirá siendo. Además, llegar hasta aquí no hubiera sido posible sin el concurso de ellas y de muchas personas, entre las que quiero especialmente destacar a mis hermanas, las Infantas y a sus maridos. Pero, sobre todo, no hubiera sido posible sin SSMM los Reyes. Es mucho lo que como hijo tengo que agradecerles a lo largo de mi vida. Y hoy, en el día de mi boda, quiero dejar constancia publica de mi más profundo agradecimiento por su cariño y apoyo permanente. No es posible entender mi felicidad sin la suya.
Hoy yo recibo dos padres y dos hermanas más, y también cuatro abuelos - que yo ya no tengo-. De los míos sigo recibiendo inspiración y su memoria me acompaña y enorgullece. De los suyos recibo una calurosa cercanía y el valioso aprendizaje de sus vidas. Recibid mi respetuosa y cariñosa gratitud.
M de Madrid, de Mayo y de Memoria; en ella siempre estarán los ausentes, los que no les fue permitida criminal y brutalmente seguir viviendo sus ilusiones y desvelos; y también los que hoy no pueden disfrutar con ellos, libre y cívicamente de la primavera madrileña que nos acoge y nos levanta el ánimo.
Con su recuerdo presente, permitidme levantar mi copa por Letizia, por Sus Majestades los Reyes y por España."
Palabras de Don Jesús Ortiz
Majestades, Altezas Reales, Altezas, Excelentísimos señoras y señores, señoras, señores, amigos…
El corazón, terco de recuerdos las más de las veces, me ponía estos días en pantalla la imagen de S. A. R. la Princesa de Asturias cuando, vestida de Cenicienta recién tocada por la varita del hada madrina, allá por sus seis o siete años, bailaba un vals imposible con el príncipe azul imaginario, siempre presto a seguirla a todas partes a la hora de la merienda. Seguramente, con más o menos intensidad, la mayoría de las niñas sueñan lo mismo; es lo que ven en los cuentos. Mi hija, como todas ellas, sabía que esos sueños no suelen cumplirse. Y ha sucedido… ¡que no se ha hecho realidad, afortunadamente! El siglo XXI no está para galanes edulcorados montados en blancos corceles, presas fáciles de intrigantes, sino para quines saben ser al tiempo, y con la misma calidad humana, hombres, compañeros y estadistas. Esta ilusión sí que se ha hecho realidad.
Cuenta el tópico que los amigos del padre de la novia, elementalmente consternado por que su pequeña ya no va a reclamarle a diario para cuitas y alegrías o para rotos y descosidos, suelen consolarle con la frase : “no pierdes una hija; ganas un hijo”. Creo que, en este caso, yo gano algo más que esa idea de hijo al uso: adquiero el convencimiento de que dos personalidades bien definidas, firmes, constantes, se han sabido tomar mutuamente el pulso para decidir que merece la pena reir al unísono y aprender juntos a superar escollos. Y gano también, como diría el Zorro al Principito en la obra de Antoine de Saint Exúpery, por los colores rojo y gualda.
Alzo mi copa por esta promesa viva de un tiempo de paz. ¡Por el futuro que representáis, Altezas Reales, y que empieza hoy! |